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sábado, 27 de febrero de 2016

Se acabó la Radio Uno

Recuerdo la primera vez que escuché Klara de Chinoy, en youtube. Recuerdo cuando Mauricio me regalo el disco cuando paseabamos por el centro. Centro que recié estaba conociendo. Era algo nuevo, era una etapa nueva. Todo parecía nuevo, estaba descubriendo Santiago de a poco, había salido de la burbuja. Había sido introducida al mundo real, de las micros, las calles con polvo, el tráfico, la plaza italia, las marchas, el disgusto. Al mismo tiempo que tú me mostraste a Manuel García. Recuerdo demasiado bien ese momento para ser cierto: eran las 2 de la mañana, me mandaste el link de la canción El viejo comunista, el mismo día que él cantó en el Festival del Huaso de Olmué. No pasó mucho tiempo para que me enamorara de él, de su hermosa melodía que por sobre todas las cosas me recordaba a ti, y a lo real que te sentías tras la pantalla del computador. Luego vino Nano Stern, y Camila moreno, y Pascuala Ilabaca, y mucho más. Estaba cambiando, me sentía de aquí, pertenecía a la cultura, pertenecía a ti, pertenecía a la trova y al dolor de la trova.
Comenzé a escuchar la Radio Uno. Eran tardes lindas con olor a primavera y ansiedad de verte después del colegio, para ir a pasear por ahí, ir al centro, escuchar música chilena, ir al gam, ir al museo de la memoria, ser la memoria misma. El enojo, la rabia, el descontento. La rebeldía. Y en la radio tocaban Nuestro momento de Portugal, y la Radio Uno fue mi casa, mi realidad y mi manera de expresarte amor.
Era una buena época, que recuerdo con mucho cariño y con mucha nostalgia, sobre todo hoy, que después de una intensa lucha igual cerraron la radio, se fue se esfumó, se acabó. La última canción que tocaron antes de que se apagara para siempre es la misma canción con la que empezamos este viaje: El viejo comunista. Y así como se acabó nuestra historia se acaba esta también. Se cierra el ciclo y yo me muevo, me muevo rápido y encuentro otros lugares, me voy de Chile, al menos con la mente. Guardo todo lo que aprendí y lo llevo en el hombro mientras vuelvo a lo que era antes de conocerte. Una aculturación pasa por mi corazón y de pronto no puedo escuchar más nuestro momento, ni azul, ni el viejo comunista. Solo queda el rastro de lo que una vez fui contigo y lo fuimos, mientras escuchábamos la Radio Uno y tomábamos café en la cocina. Gracias por todo. A la radio y a ti. A mí, por ser tantas cosas a la vez.