A veces te echo de menos. Esa seguridad de caminar con alguien que se que me protegerá, que me sostendrá si me caigo. A veces extraño tocar tu espalda. A veces me acuerdo de todo lo que te quise.
Lo peor es que no es nuestra culpa. No importa cuanto esfuerzo pusieramos, nunca ibamos a poder proyectarnos, ni tener una casa ni ir al cine a ver una pelicula que efectivamente nos gustara a los dos. Que pena quererte tanto, que pena haber tenido que quererte tanto por cuatro años sin remedio y sin futuro. No es tu culpa, es la vida culiá maraca. Te extraño. Te perdono. Te quiero.